He descubierto que todo lo que pasa acaba teniendo sentido. En la apraxia y el síndrome de joubert los cilios que están en los microtúbulos juegan un papel muy importante. Hace tiempo mientras veía y escuchaba algo que yo consideraba puro entretenimiento escuché las palabras microtúbulos y física cuántica alojadas en un entorno que, aunque sanitario, hablaba de muerte y estaba alejado, supuestamente, de las enfermedades raras,Fuí consciente de que si no hubiera visto aquel video jamás habría despertado ante la realidad que hay más allá de la que estamos viviendo, y que la posibilidad de que Arnau en otra realidad no esté enfermo (porque lo está aunque no me guste reconocerlo) puede llegar a convertirse en la nuestra...Gracias.

martes, 7 de marzo de 2017

CUENTOS RAROS: JACK EL RARO Y SU LUZ

CUENTOS RAROS: JACK EL RARO Y SU LUZ

Cada semana un cuento raro

JACK EL RARO Y SU LUZ

Había una vez un niño de diez años llamado Jack. Era más lento que la mayoría porque había nacido con una rara enfermedad. Cada mañana iba al colegio y cada mañana era objeto de burlas y desprecios por parte de algunos de sus compañeros de escuela.

Pero aquel día había llegado una alumna nueva a la escuela, una niña que compartiría clase con Jack y los otros compañeros. Se llamaba Eleonor y tenía los cabellos largos, el vestido largo y las pestañas tan largas como su nombre.

Cuando Eleonor vio a Jack le sonrió, y él le devolvió la sonrisa amablemente.

Los demás miraban a la niña nueva absortos por la longitud que desprendía su presencia, y eso hizo que durante unos minutos olvidaran la presencia de Jack. Poco duró ese olvido, y en cuento se percataron que el joven Jack había tomado asiento se centraron en criticar su trabajo como dibujante de una manzana roja con ceras.

           -  Pinta bien –decía muy altiva una niña de trenzas oscuras.

          - No te salgas con los colores como si fueras un bebé torpe – añadía un niño con gafas azules y voz burlona.

Luego fueron a la clase de educación física y la profesora les enseño como jugar al balonmano y los dividió en cuatro equipos. Jack, que era de paso lento, no lograba alcanzar el balón a tiempo.      


                 -   ¡Vamos, mira hacia arriba de una vez salta para coger la pelota! – gritó una compañera de saltos rápidos y manos veloces.


Así que cuando terminó el partido su grupo estaba enfadado y nadie le habló durante todo el camino al aula para seguir las clases. Pero como antes de seguir con las clases tenían que jugar un rato en el patio, Jack tomó su bocadillo y comenzó a caminar en círculos amplios por el área limitada con vallas en forma de panal de abeja; un grupo de niñas y niños que jugaban a pretensiones de vivir como adultos le llamó, y Jack, alegremente se acercó a ellos y acató sus órdenes cual peón en una obra, trayendo y llevando maderitas, piedrecitas y materiales diversos para que los futuros arquitectos construyeran una casa, que al no tener unos cimientos sólidos se derrumbó, no sin antes acusar a Jack de torpe y negado para el apilamiento de cartón y madera,

No lloró, porque el timbre había sonado y porque Eleonor le miró de nuevo con su dulce sonrisa. Y Jack llegó de nuevo a clase cabizbajo, pues ir despacio era una condición ajena a su hermosa alma.

          - Atencióoon.  – dijo un profesor amable y conformista que a veces alargaba la "o" – Buscad un compañero para hacer un trabajo en grupooo sobre los tipos de nubes y otras cuestiones meteorológicas.

Jack se acercó a algunos de sus colegas de clase, pero rápidamente todos parecían tener una pareja, y si  no la tenían la formaban en menos de tres segundos. Hubo quien lloró desesperado.

           -  ¡No! – gimoteó una niña muy bajita – Ponte con otro – sollozaba -  antes sola que contigo.

Eleonor se acercó a Jack, y a pesar de que algunas voces la reclamaron ella tenía clara su decisión.

                 -  Voy a ir contigo – dijo la niña de la dulce sonrisa y los cabellos largos.

Aquella mañana, Jack estuvo muy contento y trabajó con tanta actitud que el profesor le felicitó y Jack se fue a casa para comer tan feliz que olvidó el plato de espinacas verdes como el bosque y para sorpresa de su madre lo comió entero.

Por la tarde Jack entró con una sonrisa feliz, pero vio algo que le sorprendió. En el lugar de algunos de sus compañeros había objetos, y nadie sabía cómo habían ido a parar ahí, pero es que esos objetos ¡se movían y hablaban!

          -  ¿Qué está pasando? – decía un pelota que votaba sobre el asiento amarillo sin parar - ¿Por qué no dejo de votar? 


      - ¡Yo….no puedo dejar de pintar una y otra vez! Y la clase es muy grande. ¡Nunca acabaré de trabajar!– gritaba un pincel muy estilizado y cargado con pintura azul. 


          - Y..y … creo que tengo que borrar todo lo que se salga de la las rayas de la libreta, pero no quiero porque me voy a ensuciar – añadía una goma de borrar muy nueva y brillante
          

Pero había más,  como una caja de pañuelos vacía que decía sentir una profunda tristeza y un par de triángulos que se empeñaban en calcular los ángulos de cualquier esquina.  


            -   Me siento muy triste y solo… - repetía la caja sin pañuelos dentro. 


            -  ¿Por qué tengo que medir la mesa otra vez? – se preguntaban los triángulos

Nadie podía creer lo que estaba viendo. El profesor y el resto de alumnos estaban boquiabiertos.

Hasta que Eleonor habló con voz suave pero firme, 


             -  Soy un rayo de luz y como luz tengo el poder de iluminar o de cegar si me admiras demasiado.

Entonces Eleonor se acercó a los objetos. 

         -  Os dais cuenta de que Jack es el objeto de vuestras críticas, de vuestras burlas y de vuestros desprecios – explicó a la pelota, a las escuadras, a la goma de borrar, a la caja de pañuelos y al pincel.

Eleonor comenzó a brillar y su luz llegó hasta Jack, y le dijo que sujetara con sus manos a cada uno de aquellos objetos y que con su sonrisa más sincera podía devolverles a su estado humano.

Y Jack tomó uno por uno a los objetos, los miró y sonrió, y cuando lo hacía, el pincel, la pelota, la caja y los triángulos volvieron a ser niños, y de uno en uno reaparecían con las manos unidas a las de Jack.

Fue entonces cuando Eleonor dijo que tenía que irse. 


        -  ¿Y ahora que pasará? – preguntó Jack un poco asustado ante la partida de su nueva amiga. 


         -   Pasará que no van a burlarse, ni a despreciarte ni a criticarte, porque la luz que creían que les alumbraría toda la vida les convirtió en  mero utensilios y en cambio, tu corazón les ha devuelto a su forma natural porque está lleno de bondad y amor. - dijo Eleonor antes de marcharse.


Desde ese día, las compañeras y compañeros de Jack le respetaron como hacían entre ellos y sólo pasaban las cosas que pasaban cuando se tienen diez años, pero nadie más se burló, ni despreció  ni criticó por ser más lento.

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